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Clásicos Básicos: Paradise Lost 'Draconian Times'

Clásicos Básicos: Paradise Lost 'Draconian Times'

Quizá para muchos de vosotros, amantes de la música, no es nuevo eso de que un grupo, un disco o una canción, pueda cambiar vuestra vida. Como asiduos a la compra de discos o a la música en directo, hemos desarrollado la capacidad de valorar el arte de sus creadores, el trabajo invertido, cuyo resultado en ocasiones ha sido tan excepcional que ha ayudado a instaurar las reglas de un género. Y tengo la impresión de que los grupos de la “Unholy Trinity” de Peaceville (no los nombro, ya sabéis a quiénes me refiero), no eran conscientes de lo influyentes y determinantes que iban a ser y que, pese a los cambios de estilo e idas y venidas en cuanto a suavizar o endurecer su sonido -y la lluvia de críticas- serían considerados los padres del doom metal con tintes góticos y/o death. Y eso que para mí, el “Draconian Times” no fue uno de esos discos que cambió mi manera de ver la música. Ni siquiera fue lo primero que escuché de Paradise Lost...

Conocí a los de Halifax tras escuchar muy de pasada el “One Second”, al poco de ser editado. Ya había visto fotos antiguas de la banda, incluso imágenes de su directo, pero sin sonido, que me hacían pensar que la primera vez lo que los escuchase iban a sonar bastante extremos y, mi sorpresa con el melódico “One Second”, os la podéis imaginar. No tardé mucho en apreciar el disco, aunque al principio pensara que era demasiado “suave”, pero de nuevo, y no era la primera vez, el quinteto británico había creado un disco seminal, que influenciaría a bandas tan exitosas como HIM y derivados. Y es que con el tiempo he aprendido a apreciar todas las épocas del grupo, desde su material antiguo al más electrónico (“Host” es una maravilla), incluso discos muy criticados como el “Believe in Nothing” me encantan, si bien su última época, retornando a las voces guturales y al doom, se me hace quizá más floja y aburrida.

Pero volvamos a los “tiempos draconianos”. Tras la desilusión inicial causada por el “One Second”, decidí darles una oportunidad y comprarme algún disco de la banda para juzgar si merecían la pena o no. Recuerdo que en mi tienda de discos habitual tenían dos: el “Lost Paradise” y el que nos ocupa. Si bien la mayoría de las portadas del grupo suelen gustarme mucho, la del Draconian me enamoró y decidí comprármelo. Aún a día de hoy, el libreto hecho por Holly Warburton me sigue pareciendo una pasada, siendo mi diseño favorito de la banda y uno de mis preferidos de todos los tiempos. Para rematar, el cd era negro mate, con el nombre de la banda y el título del disco en negro brillante. ¡Joder, pintaba muy bien la cosa! Ya sabiendo que no era una banda tan extrema como inicialmente pensaba (que sí, que lo primero sí lo era...), me fui haciendo una idea de cómo podía sonar el disco gracias al diseño y... entonces puse el cd y le di al play...

Sobria, solemne, majestuosa... ¿qué más adjetivos puedo escribir para definir la absoluta maravilla que es “Enchanment”? Hay canciones que por sí solas pueden justificar la compra de un disco, se me ocurre “Davidian” del “Burn my eyes” por ejemplo, y el primer corte de éste que tiene ya la friolera de 27 añazos es una de ellas. La introducción con el teclado, los coros ominosos, la contundente cadencia de la batería de Lee Morris (aunque se supone que realmente la grabó Matt Archer...), las guitarras perfectamente divididas entre las rítmicas del siempre enérgico Aaron Aedy y las solistas resultado de la maestría de Greg Mackintosh y, cómo no, la voz de su particular frontman, Nick Holmes, que todavía tenía un resquicio de agresividad, que fue desapareciendo progresivamente hasta recuperarla como ya sabemos en sus últimos trabajos (y en Bloodbath). Todo era perfecto. Podría dedicarle una reseña entera a esta canción, a desentrañar cada uno de los arreglos de guitarras y teclados, al ambiente general que crean, a los redobles de batería de la parte final, pero diré para terminar con ella que, para mí, es uno de los temas que mejor definen ese doom metal que muchos asocian al metal gótico, pero que yo creo que define la elegancia de ese doom que se aleja de la marihuana y los típicos riffs a lo Black Sabbath.

Podríamos dejar aquí la review, no sólo por la grandiosidad de “Enchanment” sino porque erróneamente alguien podría pensar que a partir de aquí el disco baja en calidad (ya sé que no, que todos lo habéis escuchado si estáis leyendo esto) pero no, “Draconian Times” es una colección de temazos en los que Mackintosh y cía. pocas veces bajan el nivel. “Hallowed Land” entra como un tiro tras el final de su impresionante predecesora. De nuevo ¿qué decir de semejante temarral? Animado, con Nick más cabreado, con una base instrumental ensamblada a la perfección, teclados que ya son todo un clásico y en definitiva, si los has visto alguna vez en directo, seguro que has gritado: “Seek hallowed land!” No quiero olvidarme del momento de voz ultragrave de Holmes y ese solo sencillo pero efectivo que me invita al air guitar siempre que lo escucho. Y tras dos clasicazos como estos seguimos con “The Last Time”, otra gran canción, más machacona rítmicamente, donde además se escucha más nítidamente el bajo percusivo de Steve Edmonson. Si bien los coros de este tema al principio se me hacían algo pesados, al final acabé por tomarles cariño. Pero hablando de pesadez, llegamos a otro de esos cortes que pueden definir un disco. Tanto es así, que “Forever Failure” fue uno de los sencillos del álbum, junto a la anterior “The Last Time”. Y eso siempre me pareció admirable, porque si bien una tiene un estribillo más pegadizo y un ritmo que puede funcionar como single para una banda asociada al metal, la otra es un tema que evoca la esencia más miserable del doom metal. Un tema lento, con una intro que es ni más ni menos que la voz de Charles Manson, y que en general no suena especialmente easy listening. Que sí, que no es funeral doom ni nada de eso, pero estamos en 1995 y había que tener unos testículos muy grandes para hacer algo así, aunque la toma de riesgos en aquel momento les valió la pena, porque el disco vendió y mucho.

Mucho se comparó la voz de Nick Holmes a la de James Hetfield en esa época. De hecho, Metallica se nombraba como influencia directa de Paradise Lost y quizá temas como “Once Solemn” tienen la culpa. Es un temazo y ese juego de doble bombo me sigue molando un montón, pero entiendo la comparación con los de San Francisco. La sombra del “Black Album” era muy alargada y fuera influencia directa o no, es cierto que podía haber alguna semejanza, pero el tiempo ha dejado claro que eran y son dos bandas con caminos muy distintos, tanto musical como comercialmente. Aunque es verdad que otro corte como “Shadowkings”, que sigue esa línea de palm mutes de “The Last Time” o “Once Solemn” podía reforzar la idea de que el sonido del Hetfield & Ulrich estaba presente en los ingleses. Sin embargo “Elusive Cure” y “Yearn for Change” se desmarcan mucho de ese estilo. El inicio con guitarras limpias los lleva a esa rama más emparentada con el rock gótico y que a alguno le puede recordar a cierta banda de Zaragoza que no voy a nombrar. Sin embargo son temas que fluyen de manera natural, siendo una repetición del inicio del álbum, con uno más cercano al doom, más oscuro; y otro más animado y rockero, con una batería que hace cosas bastante “curiosas”.

La cadencia de guitarras de “Shades of God” lo convierte automáticamente en una de las canciones más reconocibles del cd (o vinilo). Además tiene un estribillo fácilmente coreable en directo y de nuevo un efectivo solo del bueno de Gregor, que se marca unos cuantos durante todo el trabajo. Ya finalizando tenemos “Hands of Reason”, que abren con bajo y batería, y que junto a la voz contenida de Holmes en la estrofa, no hace más que anunciar otro tema con melodías que marcarían a un montón de bandas de doom/gothic que vendrían después (¡hola Finlandia!), igual que las guitarras de “I see your face” que también tiene ese parón a mitad de canción marcando con el bombo, recurso súper clásico en bandas del estilo. Cierran con “Jaded”, que si bien sigue la buena línea de todo el trabajo, no es quizá la más destacable y nunca me pareció la mejor elección para clausurar un clásico como es este discazo, aunque cumple su cometido.

¿Es “Draconian Times” el mejor disco de Paradise Lost? Probablemente no. ¿Es mi favorito? No siempre, pero la mayoría del tiempo sí. ¿Es imprescindible? Rotundamente SÍ. Creo que a día de hoy no se entendería el doom metal (y el doom gótico) sin un disco como éste o, por supuesto, sin “Icon” o “Gothic”, pero, sin entrar a nombrar a otras bandas, Paradise Lost hicieron el disco casi perfecto en el moménto idóneo, influenciando a toda a una generación de músicos que vinieron después a rendir homenaje a un legado enorme que aún sigue creciendo. A rendir culto a una banda que nunca ha tenido miedo a experimentar y con un compromiso real, el de crear música, su música, que aunque con influencias evidentes, siempre ha sido sincera y en algunos momentos muy arriesgada. Porque en unos tiempos en los que repetir la fórmula de trabajos anteriores habría sido sinónimo de ventas y éxito, ellos se salieron por la tangente para hacer lo que les gustaba, siendo, ya sí, conscientes de que habían creado clásicos que perdurarían y que tras décadas seguirían siendo imprescindibles. Y ahora los tenemos de vuelta, no sólo en estilo con su retorno a las raíces, sino de vuelta a los escenarios. Y alguien que ha visto a los de Halifax muchas veces os dice que no os los perdáis, porque siempre es divertido ver qué Nick Holmes te encuentras en el escenario (no tiene término medio); es un placer ver la entrega de Aaron que siempre está ahí entregándose a los fans; la concentración de Greg liderando a la banda; la sobriedad de Steve lanzando sus líneas de bajo sin inmutarse y, aunque ya no esté Waltteri Väyrynen a los parches con ellos (lo cual me jode) tendremos a Guido Montanarini destrozando las baquetas, quien es compañero de Mackintosh en Strigoi. Así que yo no me perdería el bolo por nada del mundo.

PARADISE LOST PRESENTAN POR FIN OBSIDIAN EN NUESTRO PAÍS

Lunes 17 de octubre 2022
Sala Santana 27 (Bilbao)
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Martes 18 de octubre 2022
Sala Apolo (Barcelona)
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Miércoles 19 de octubre 2022
Sala Garaje Beat (Murcia)
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Jueves 20 de octubre 2022
Sala La Riviera (Madrid)
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